{"id":7882,"date":"2013-05-14T12:47:23","date_gmt":"2013-05-14T16:47:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.sbch.cl\/sitio\/?p=7882"},"modified":"2013-05-13T11:54:12","modified_gmt":"2013-05-13T15:54:12","slug":"introduccion-al-antiguo-testamento-primera-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.sbch.cl\/sitio\/introduccion-al-antiguo-testamento-primera-parte\/","title":{"rendered":"Introducci\u00f3n al Antiguo Testamento, primera parte"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_7883\" class=\"thumbnail wp-caption alignleft\" style=\"width: 300px\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.sbch.cl\/sitio\/wp-content\/archivos\/mapa-imperios.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-7883  \" style=\"margin: 7px;\" alt=\"mapa-imperios\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.sbch.cl\/sitio\/wp-content\/archivos\/mapa-imperios-300x201.jpg?resize=300%2C201\" width=\"300\" height=\"201\" \/><\/a><figcaption class=\"caption wp-caption-text\">Mapa el mundo antiguo<\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Los g\u00e9neros literarios del Antiguo Testamento<\/strong><\/p>\n<p>En t\u00e9rminos generales, todos los escritos del AT pueden incluirse en uno u otro de los dos grandes g\u00e9neros literarios que son la prosa y la poes\u00eda; sin embargo, una segunda aproximaci\u00f3n permite apreciar la gran diversidad de clases y estilos que, muchas veces mezclados entre s\u00ed, configuran a ambos g\u00e9neros.<\/p>\n<p>En cuanto a la prosa, es el g\u00e9nero en que est\u00e1n escritos textos como los siguientes:<\/p>\n<p><strong>(a)<\/strong> relatos hist\u00f3ricos, presentes sobre todo en los libros de car\u00e1cter narrativo, y que, a partir de Abraham (Gn 11.27\u201325.7), se refieren, o bien directamente al pueblo de Israel y a sus personajes m\u00e1s significativos, o indirectamente a gentes y naciones cuya historia est\u00e1 relacionada muy de cerca con Israel;<\/p>\n<p><strong>(b)<\/strong> el relato de Gn 1\u20133 sobre los or\u00edgenes del mundo y de la humanidad, el cual merece menci\u00f3n aparte desde el punto de vista literario;<\/p>\n<p><strong>(c)<\/strong> pasajes especiales (p.e., la historia de los patriarcas), narraciones \u00e9picas (p.e., el \u00e9xodo de Egipto y la conquista de Cana\u00e1n), cuadros familiares (p.e., el libro de Rut), profec\u00edas (en parte), visiones, cr\u00f3nicas oficiales, di\u00e1logos, discursos, instrucciones, exhortaciones y genealog\u00edas;<\/p>\n<p><strong>(d)<\/strong> textos legales y normas de conducta y regulaci\u00f3n de la pr\u00e1ctica religiosa colectiva y personal.<\/p>\n<p>En cuanto a la poes\u00eda, el AT ofrece diversos modelos literarios, que pueden resumirse en:<\/p>\n<p><strong>(a)<\/strong> c\u00falticos (p.e., Salmos y Lamentaciones);<\/p>\n<p><strong>(b)<\/strong> prof\u00e9ticos (una parte muy importante de los textos de los profetas de Israel);<\/p>\n<p><strong>(c)<\/strong> sapienciales, que recogen reflexiones y ense\u00f1anzas relativas a la vida diaria (Proverbios y Eclesiast\u00e9s), o que giran en torno a alg\u00fan problema de car\u00e1cter teol\u00f3gico (Job).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Autores y tradici\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>De acuerdo con su origen, los libros del AT pueden clasificarse en dos grandes grupos. El primero lo forman aquellos escritos que dejan traslucir la actividad creadora del autor y parecen marcados por el sello de su personalidad. Tal es el caso de buena parte de los textos prof\u00e9ticos, cuyo mensaje inicial fue a veces ampliado, llegando a su pleno desarrollo posteriormente, en \u00e1mbitos donde la inspiraci\u00f3n del profeta original se dejaba sentir con intensidad.<\/p>\n<p>En el segundo grupo se incluyen los libros en los que, habiendo quedado como desdibujada en el pasado la persona del autor, fueron las tradiciones las que se encargaron de transmitir el mensaje preservado por el pueblo, proclam\u00e1ndolo y aplic\u00e1ndolo a las circunstancias propias de cada nuevo tiempo. A este grupo pertenece una buena parte de la narrativa hist\u00f3rica y de la literatura c\u00faltica y sapiencial.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Transmisi\u00f3n del texto<\/strong><\/p>\n<p>El paso de la tradici\u00f3n oral a la escrita llega para el AT en un tiempo en que el papiro y el pergamino estaban ya en uso como materiales de escritura. De ellos se fabricaban largas tiras que, convenientemente unidas, formaban los llamados \u201crollos\u201d, una especie de cilindros de peso y volumen a menudo considerables. As\u00ed han llegado hasta nosotros los textos del AT (cf. Jer 36), aunque no en sus manuscritos hebreos originales, pues con el tiempo todos han desaparecido, sino merced a la gran cantidad de copias realizadas a lo largo de muchos siglos. De ellas, las m\u00e1s antiguas que poseemos pertenecen aproximadamente al s. I a.C. Fueron descubiertas en lugares como Qumr\u00e1n, al oeste del Mar Muerto, algunas en bastante buen estado de conservaci\u00f3n, y otras muy deterioradas y reducidas a fragmentos.<\/p>\n<p>De las copias que contienen el texto \u00edntegro de la Biblia hebrea, la m\u00e1s antigua es el C\u00f3dice de Alepo, que data del s. X d.C. y es reflejo de la tradici\u00f3n tiberiense.<\/p>\n<p>El sistema alfab\u00e9tico utilizado en los primitivos manuscritos hebreos carec\u00eda de vocales: en su \u00e9poca, y seg\u00fan un uso com\u00fan a diversas lenguas sem\u00edticas, solo las consonantes ten\u00edan representaci\u00f3n gr\u00e1fica. Esta peculiaridad era obviamente una fuente de serios problemas de lectura e interpretaci\u00f3n de los escritos b\u00edblicos, cuya unificaci\u00f3n acometieron los especialistas jud\u00edos de finales del s. I d.C.<\/p>\n<p>La labor de aquellos sabios se vio favorecida en la \u00faltima parte del s. V d.C. por el desarrollo, sobre todo en Tiberias y Babilonia, de un sistema de lectura que culmin\u00f3 entre los s. VIII y XI d.C. con la composici\u00f3n del texto llamado \u201cmasor\u00e9tico\u201d. En \u00e9l, fruto del intenso trabajo realizado por los \u201cmasoretas\u201d (o \u201ctransmisores de la tradici\u00f3n\u201d), qued\u00f3 definitivamente fijada la lectura de la Biblia hebrea por medio de un complicado conjunto de signos voc\u00e1licos y de entonaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A pesar del exquisito cuidado con que los copistas realizaron y conservaron las copias del texto b\u00edblico, no siempre pudieron evitar que aqu\u00ed y all\u00e1 se introdujeran peque\u00f1as variantes en la escritura. Por eso, a fin de descubrir y evaluar tales variantes, el estudio de los antiguos manuscritos implica una minuciosa tarea de comparaci\u00f3n de textos, no solo entre unas y otras copias hebreas, sino tambi\u00e9n con antiguas traducciones a otras lenguas: as\u00ed, el texto samaritano del Pentateuco (escritura samaritana); las versiones griegas, especialmente la Septuaginta (hecha en Alejandr\u00eda entre los s. III y II a.C. y utilizada muy a menudo por los escritores del NT); las arameas (los targumim, versiones parafr\u00e1sticas); las latinas, en especial la Vulgata; las sir\u00edacas, las coptas o la armenia. Los resultados de este trabajo de fijaci\u00f3n del texto se encuentran sintetizados en las ediciones cr\u00edticas de la Biblia hebrea.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La Palestina del Antiguo Testamento<\/strong><\/p>\n<p>La regi\u00f3n donde se desarrollaron los acontecimientos m\u00e1s importantes consignados en el AT est\u00e1 situada en la zona inmediatamente al este de la cuenca del Mediterr\u00e1neo. El nombre m\u00e1s antiguo que de ella registra la Biblia es \u201ctierra de Cana\u00e1n\u201d (Gn 11.31), sustituido posteriormente entre los israelitas por el de \u201ctierra de Israel\u201d (1 S 13.19; Ez 11.17; Mt 2.20). Los griegos y los romanos prefirieron llamarla \u201cPalestina\u201d, t\u00e9rmino derivado del apelativo \u201cfilisteo\u201d, con el que se conoc\u00eda al pueblo que habitaba la costa del Mediterr\u00e1neo. En el tiempo en que el imperio romano domin\u00f3 el pa\u00eds, una regi\u00f3n al menos de este recibi\u00f3 el nombre de \u201cJudea\u201d.<\/p>\n<p>Durante la mayor parte del per\u00edodo mon\u00e1rquico (931\u2013586 a.C.), la tierra de Israel estuvo dividida en dos: al sur, el reino de Jud\u00e1, del que Jerusal\u00e9n era la capital; y al norte, el reino de Israel, con su capital en la ciudad de Samaria. Las graves diferencias pol\u00edticas que separaban a ambos reinos se acentuaron m\u00e1s a\u00fan cuando, en el 721 a.C., el reino del norte fue conquistado por el ej\u00e9rcito asirio.<\/p>\n<p>El territorio palestino est\u00e1 formado por tres grandes franjas paralelas que se extienden de norte a sur. La occidental, una llanura de tierras bajas ba\u00f1adas por el Mediterr\u00e1neo, se estrecha hacia el norte, en Galilea, y luego queda cerrada por el monte Carmelo. En esta llanura se encontraban las antiguas ciudades de Gaza, Ascal\u00f3n, Asdod y Jope (actualmente un suburbio de Tel Aviv), y la romana Cesarea, de construcci\u00f3n m\u00e1s reciente.<\/p>\n<p>La franja central est\u00e1 formada por una serie de monta\u00f1as que desde el norte, como desprendi\u00e9ndose de la cordillera del L\u00edbano, descienden paralelas a la costa hasta penetrar al sur en el desierto del Neguev. La llanura de Jezreel (o de Esdrel\u00f3n), interpuesta entre Galilea y Samaria, corta en este punto la cadena monta\u00f1osa, cuyas dos alturas m\u00e1ximas se hallan la una (1.208 m.) en Galilea y la otra (1.020 m.) en Judea. En esta franja central del pa\u00eds se alza la ciudad de Jerusal\u00e9n (cerca de 800 m. sobre el nivel del mar) y otras importantes ciudades de Judea, Samaria y Galilea.<\/p>\n<p>Al oriente de la regi\u00f3n monta\u00f1osa serpentea la cuenca del Jord\u00e1n, el mayor r\u00edo de Palestina, que nace al norte de Galilea, en el monte Herm\u00f3n, y se dirige hacia el sur a lo largo de 300 km. (poco m\u00e1s de 100 km. en l\u00ednea recta). Atraviesa en su curso el lago Merom y luego el Mar o Lago de Galilea (o tambi\u00e9n \u201cMar de Tiberiades\u201d), y corre por una depresi\u00f3n que se hace cada vez m\u00e1s profunda, hasta desembocar en el Mar Muerto, a 392 m. m\u00e1s abajo que el nivel del Mediterr\u00e1neo.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de la depresi\u00f3n del Jord\u00e1n, a su lado oriental, el terreno vuelve a elevarse. Sobre todo en la regi\u00f3n norte se dan cumbres importantes, como, ya fuera de Palestina, los montes Herm\u00f3n, de hasta 2.758 m. de altura.<\/p>\n<p>Palestina es especialmente seca, des\u00e9rtica en extensas zonas del este y sur del pa\u00eds, con monta\u00f1as muy pedregosas y pocos espacios que re\u00fanan condiciones favorables para el cultivo. Los terrenos f\u00e9rtiles, aptos para la agricultura, se encuentran sobre todo en la llanura de Jezreel al norte, en el valle del Jord\u00e1n y en las tierras bajas que a occidente bordean la costa. Las altas temperaturas reinantes se aten\u00faan en las partes elevadas, donde las noches pueden llegar a ser fr\u00edas. Las dos estaciones m\u00e1s importantes son invierno y verano (cf. Gn 8.22; Mt 24.20, 32), pero, en cuanto al clima, lo esencial para las labores agr\u00edcolas es la regularidad en la llegada de las lluvias: las tempranas (entre octubre y noviembre) y las tard\u00edas (entre diciembre y enero). Entonces se almacena el agua en aljibes (o cisternas), para disponer de ella durante los restantes meses del a\u00f1o.<\/p>\n<p><strong>Valoraci\u00f3n religiosa del Antiguo Testamento<\/strong><\/p>\n<p>El AT, al igual que toda la Biblia, reconoce en su origen una aut\u00e9ntica experiencia religiosa. Dios se revel\u00f3 al pueblo de Israel en la realidad de su historia, y lo hizo como el Dios \u00fanico, Creador y Se\u00f1or del universo y de la historia, no asimilable a ninguna otra experiencia humana ni identificable con ninguna imagen hecha por los hombres. Dios es el Autor de la vida, el Creador de la existencia de todos los seres; y es un Dios salvador, que siempre est\u00e1 al lado de su pueblo, pero que no se deja manipular por \u00e9l; que impone obligaciones morales y sociales, que no se deja sobornar, que protege a los d\u00e9biles y ama la justicia. Es un Dios que se acerca al pueblo, especialmente en el culto; un Dios perdonador, que quiere que el pecador viva, pero que juzga con justicia y castiga la maldad.<\/p>\n<p>De las ideas y el lenguaje del AT est\u00e1n profundamente penetrados los escritos del NT, en cuyo trasfondo se halla siempre presente el Dios del AT, el Padre de Jesucristo, en quien \u00e9l revela definitivamente su amor y su voluntad salvadora para todo aquel que lo acepta por la fe.<\/p>\n<p>El AT presta especial atenci\u00f3n a las relaciones de Dios con Israel, su pueblo escogido. Uno de los m\u00e1s importantes aspectos de esta relaci\u00f3n es el pacto con Israel, mediante el cual Jehov\u00e1 se compromete a ser el Dios de aquel pueblo, al que ha tomado como su posesi\u00f3n particular y del que exige el religioso cumplimiento de los mandamientos y las leyes divinas. As\u00ed, la com\u00fan fe, las celebraciones c\u00falticas y la observancia de la Ley son los elementos que configuran la unidad de Israel, una unidad que se rompe cuando es infiel al Dios a quien pertenece. La historia de Israel como pueblo elegido revela que lo m\u00e1s importante es mantener su identidad religiosa en medio del mundo que lo rodea, paso necesario que ha de dar en direcci\u00f3n al mensaje universal que luego, en Jesucristo, ser\u00e1 proclamado por el NT.<\/p>\n<p>No todos los aspectos del AT mantienen igual vigencia para el creyente cristiano. El AT debe ser interpretado a la luz de su m\u00e1xima instancia, que es Jesucristo. La proyecci\u00f3n hist\u00f3rica y prof\u00e9tica del pueblo de Israel en el AT es una etapa precursora en el camino que conduce a la plena revelaci\u00f3n divina en Cristo (Heb 1.1\u20132). Por otra parte, el NT es el testimonio fehaciente de que las promesas hechas por Dios a Israel se cumplen con la venida del Mes\u00edas (cf., p.e., Mt 1.23; Lc 3.4\u20136; Hch 2.16\u201321; Ro 15.9\u201312). Por eso, ciertas instituciones absolutamente v\u00e1lidas para el pueblo jud\u00edo dejan de ser igualmente vigentes para el nuevo pueblo de Dios, que es la iglesia (cf. Hch 15; Gl 3.23\u201329; Col 2.16\u201317; Heb 7.11\u201310.18); y algunos aspectos de la ley de Mois\u00e9s, del culto del AT y de la doctrina acerca del destino del ser humano, personal y comunitariamente considerado, deben ser interpretados a la luz del evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios.<\/p>\n<p><strong>Fuente:<\/strong> Biblia de Estudio Reina Valera 1995. Sociedades B\u00edblicas Unidas<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Los g\u00e9neros literarios del Antiguo Testamento En t\u00e9rminos generales, todos los escritos del AT pueden incluirse en uno u otro de los dos grandes g\u00e9neros literarios que son la prosa y la poes\u00eda; sin embargo, una segunda aproximaci\u00f3n permite &hellip; <a class=\"kt-excerpt-readmore\" href=\"https:\/\/www.sbch.cl\/sitio\/introduccion-al-antiguo-testamento-primera-parte\/\" aria-label=\"Introducci\u00f3n al Antiguo Testamento, primera parte\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":7883,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[923],"tags":[915,767],"class_list":["post-7882","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ciencias-biblicas","tag-ciencias-biblicas","tag-contexto-historico"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/www.sbch.cl\/sitio\/wp-content\/archivos\/mapa-imperios.jpg?fit=702%2C472&ssl=1","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pInKk-238","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.sbch.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7882","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.sbch.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.sbch.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.sbch.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.sbch.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7882"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.sbch.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7882\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.sbch.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7883"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.sbch.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7882"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.sbch.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7882"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.sbch.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7882"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}