{"id":10776,"date":"2017-03-19T15:25:59","date_gmt":"2017-03-19T18:25:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.sbch.cl\/sitio\/?p=10776"},"modified":"2018-09-28T11:34:30","modified_gmt":"2018-09-28T14:34:30","slug":"canon-del-nuevo-testamento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.sbch.cl\/sitio\/canon-del-nuevo-testamento\/","title":{"rendered":"El canon del Nuevo Testamento"},"content":{"rendered":"<p>Por\u00a0Plutarco Bonilla Acosta<\/p>\n<p>Fuente: Libro Descubre la Biblia, Sociedades B\u00edblicas Unidas, 1997<br \/>\nIntroducci\u00f3n<\/p>\n<p><strong>La Biblia es el libro sagrado del cristianismo<\/strong><br \/>\nDe las p\u00e1ginas de ese Libro han bebido los creyentes a lo largo de los siglos. Alabada por los cristianos y despreciada por sus detractores; traducida a muchas lenguas y prohibida su lectura por peligrosa; impresa por millones de ejemplares y distribuida por organismos como Sociedades B\u00edblicas Unidas, y perseguida, a veces con sa\u00f1a, por personas y reg\u00edmenes que han visto en ella un formidable enemigo digno de ser atacado; estudiada con sacrificio y ah\u00ednco por millones de disc\u00edpulos de Jesucristo y de adoradores del Dios alt\u00edsimo, y abandonada en un polvoriento rinc\u00f3n de la casa o del despacho por muchos que se llaman a s\u00ed mismos cristianos, la Biblia ha capeado todas las tempestades. Y cada d\u00eda es mayor el n\u00famero de quienes ans\u00edan descubrir en sus p\u00e1ginas el mensaje de esperanza que no han podido encontrar en teor\u00edas ni en ideolog\u00edas, en ciencias ni en instituciones religiosas, en el activismo pol\u00edtico ni en la entrega apasionada al activismo hedonista que tanto caracteriza a este mundo en desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Religi\u00f3n y texto sagrado<\/strong><br \/>\nEl sentimiento religioso es una experiencia de car\u00e1cter pr\u00e1cticamente universal. Ya lo se\u00f1al\u00f3 un pensador antiguo: puede uno recorrer los pueblos del mundo y se encontrar\u00e1 con que muchos de ellos no han construido teatros ni coliseos; otros no han desarrollado las artes o algunas de ellas; aun en otros faltan instituciones que ya exist\u00edan en pueblos que les eran contempor\u00e1neos. Sin embargo\u2014dec\u00eda el fil\u00f3sofo e historiador Plutarco, del siglo II de la era cristiana\u2014, que no se conoc\u00edan pueblos en los que no existiera alguna forma de expresi\u00f3n del sentimiento religioso, por muy primitivos que tanto este como aquella pudieran ser.<br \/>\nComo parte de esa expresi\u00f3n\u2014y de manera muy particular en las religiones que lograron alcanzar un determinado grado de desarrollo\u2014aparecen tambi\u00e9n los libros sagrados: el conjunto de aquellos textos que una determinada comunidad religiosa considera que son de particular inter\u00e9s y valor para ella, y, como consecuencia, poseedores de una autoridad tal que ning\u00fan otro texto comparte. Por eso existen los Vedas y El libro de los muertos, El Cor\u00e1n, El libro de Morm\u00f3n y los libros de Russell. Las diferentes comunidades religiosas interpretan de diversa manera el origen y el significado de su propio conjunto de libros sagrados.1<br \/>\nEn el cristianismo no pod\u00eda ser de otra manera. Por una parte, hereda del juda\u00edsmo una colecci\u00f3n de libros sagrados\u2014la Biblia hebrea\u2014que, con el tiempo, pas\u00f3 a denominar con la expresi\u00f3n \u00abAntiguo Testamento\u00bb.2 Y, por otra, su propia experiencia y desarrollo le hace producir una serie de textos que tambi\u00e9n se van incorporando al conjunto de libros tenidos como de especial valor y autoridad.<\/p>\n<p>La historia del texto, la transmisi\u00f3n del texto\u00a0y la formaci\u00f3n del canon.<\/p>\n<p><strong>\u00bfC\u00f3mo se form\u00f3 el canon del Nuevo Testamento<\/strong>?.3<br \/>\nEs obvio que no se trata de que a alguien se le hubiera ocurrido reunir en un solo volumen un cierto conjunto de obras\u2014muy dispares, por cierto, en cuanto a extensi\u00f3n y contenido\u2014y hubiera proclamado, porque as\u00ed le pareci\u00f3 bien, que esos libros eran sagrados.<br \/>\nTampoco se trata de que Dios le haya soplado a alguien en el o\u00eddo y le haya dictado, libro por libro, la lista completa de los que habr\u00edan de componer el Nuevo Testamento.<br \/>\nEl proceso fue muy distinto. Mucho m\u00e1s complejo, mucho m\u00e1s rico y mucho m\u00e1s interesante. Y no exento de dificultades.<br \/>\nEn primer lugar, hay una estrech\u00edsima vinculaci\u00f3n entre la formaci\u00f3n del canon y la formaci\u00f3n del texto. Ambos desarrollos no pueden identificarse, pero tampoco pueden separarse sin hacer violencia a uno de los dos.4<br \/>\nComo es de sobra conocido, los escritos del Nuevo Testamento son escritos ocasionales. Con ello queremos decir que hubo una \u00abocasi\u00f3n\u00bb (o unas \u00abocasiones\u00bb) que, de hecho provocaron su formaci\u00f3n. O, dicho de otra manera: Esos textos no aparecen simplemente porque sus autores un d\u00eda se levantaron con ganas de escribir y luego tuvieron la brillante idea de que ser\u00eda \u00abbonito\u00bb poner por escrito lo que les hab\u00eda venido a la mente. Al contrario. No es extra\u00f1o el caso de un determinado autor b\u00edblico que escriba angustiosamente, y que habr\u00eda preferido no tener que escribir lo que estaba escribiendo. Eso es, en efecto, lo que a veces le pasaba a Pablo ap\u00f3stol. Oig\u00e1moslo cuando escribe estas palabras: \u00abPorque por la mucha tribulaci\u00f3n y angustia de coraz\u00f3n os escrib\u00ed con muchas l\u00e1grimas, no para que fueseis contristados \u2026 Porque aunque os contrist\u00e9 con la carta, no me pesa, aunque entonces lo lament\u00e9 \u2026\u00bb (2 Co 2.4; 7.8a).5<br \/>\n<strong>Fueron muy diversas las \u00abocasiones\u00bb o circunstancias que movieron a los diferentes autores del Nuevo Testamento a poner en papiro<\/strong> (que era el papel de la \u00e9poca) sus pensamientos, exhortaciones, esperanzas, oraciones, etc. El material que se incluye en esa obra global es variado: hay predicaciones (u homil\u00edas), cuentos que Jes\u00fas contaba (eso son las par\u00e1bolas, y Jes\u00fas era un consumado e inigualable narrador), relatos de acontecimientos, oraciones, exhortaciones, visiones prof\u00e9ticas y apocal\u00edpticas, escritos pol\u00e9micos, cartas personales, secciones po\u00e9ticas \u2026 En cada caso, fue el problema o situaci\u00f3n particular que el autor quer\u00eda enfrentar y las caracter\u00edsticas propias de sus lectores lo que determin\u00f3 la naturaleza de cada escrito.<br \/>\nPor supuesto, mucho de lo anterior tambi\u00e9n se encuentra en la Biblia hebrea y, de alguna manera, ella sirvi\u00f3 de modelo para los escritores neotestamentarios. A ese modelo ellos agregaron su propia creatividad y ciertos detalles que eran caracter\u00edsticos de la \u00e9poca en la que se forma el Nuevo Testamento.6 Hay, sin embargo, en el desarrollo de la comunidad cristiana de los primeros tiempos y en su producci\u00f3n literaria, una diferencia fundamental respecto de los escritos heredados del juda\u00edsmo. Veamos:<\/p>\n<p>\u2022 Cuando Pablo, Pedro, Juan o Judas, pongamos por caso, se sientan a escribir, ya sea por propia mano o, como sol\u00eda hacer Pablo, por la interp\u00f3sita mano de un secretario, lo que quer\u00edan hacer era responder a la situaci\u00f3n espec\u00edfica que se les hab\u00eda presentado: pleitos entre hermanos, inmoralidad en la congregaci\u00f3n, penetraci\u00f3n en la comunidad cristiana de ideas extra\u00f1as que negaban tanto la eficacia de la obra de Jesucristo como la eficacia de la fe, gozo por la fidelidad de los hermanos y por la expresi\u00f3n de su amor, necesidad de recibir aliento en momentos de dificultad y prueba \u2026 o lo que fuera. Y esas autoridades de la iglesia escriben, habiendo buscado la direcci\u00f3n de Dios, en su calidad de tales: ap\u00f3stoles, obispos (en el sentido neotestamentario), pastores y dirigentes de la comunidad cristiana en la di\u00e1spora.<\/p>\n<p>\u2022 Cuando ellos escrib\u00edan, ni siquiera so\u00f1aban que aquello que produc\u00edan ten\u00eda, o llegar\u00eda a tener, la autoridad de los escritos sagrados que le\u00edan en la sinagoga y en las primeras congregaciones de cristianos. Puede decirse que en el Nuevo Testamento, quiz\u00e1s con la excepci\u00f3n del Apocalipsis\u2014por su naturaleza particular\u2014, no hay indicios de que sus autores creyeran que lo que estaban escribiendo iba a ser parte de \u00abLa Escritura\u00bb.7 Pero, por proceder esos escritos de quienes proced\u00edan, por la autoridad que representaban sus autores y por considerar que, de alguna manera, eran testimonio de primera mano y fidedigno de \u00ablas cosas que entre nosotros han sido ciert\u00edsimas\u00bb (Lc 1.1), l<strong>os grupos cristianos no s\u00f3lo guardaron y releyeron los textos que directamente ellos hab\u00edan recibido sino que, adem\u00e1s, comenzaron a producir muchas copias y a distribuirlas entre otras tantas comunidades hermanas.<\/strong>8 Poco a poco, los cristianos fueron reconoci\u00e9ndoles a esos textos autoridad privilegiada9 para la vida de la Iglesia y, con ello, reconocieron la inspiraci\u00f3n divina en su producci\u00f3n y elaboraron, en fecha posterior, la doctrina correspondiente.10<br \/>\nNos hemos referido hasta ahora a libros del Nuevo Testamento que se escribieron, en su mayor\u00eda, \u00abde corrido\u00bb. La situaci\u00f3n se torna m\u00e1s compleja cuando tratamos de textos como los de los evangelios, cuya composici\u00f3n sigui\u00f3 otro camino.<br \/>\nEn efecto, a Jes\u00fas no lo segu\u00edan esten\u00f3grafos que iban tomando notas de todo lo que \u00e9l hac\u00eda y ense\u00f1aba, y que luego \u00abse sentaron a escribir un libro\u00bb.<br \/>\n<strong>De la palabra hablada a los textos escritos<\/strong><br \/>\nLa primera etapa de la transmisi\u00f3n del material que se incluye en los cuatro evangelios corresponde a la \u00abtradici\u00f3n oral\u00bb: los ap\u00f3stoles y dem\u00e1s disc\u00edpulos de Jes\u00fas contaron a sus nuevos hermanos en la fe todo lo que pod\u00edan recordar de su experiencia con su Se\u00f1or y salvador.<br \/>\nMuy pronto comenzaron a hacerse colecciones escritas de los dichos de Jes\u00fas.11 Quiz\u00e1 nos parezca que algunos dichos de nuestro Se\u00f1or que encontramos en los evangelios can\u00f3nicos est\u00e1n como \u00abdescolgados\u00bb de su contexto literario. Probablemente se deba ello a que hayan sido tomados de alguna de esas colecciones.<br \/>\nDe los textos que han llegado hasta nosotros, y por los testimonios de escritores antiguos, sabemos, adem\u00e1s, que los seguidores de Jes\u00fas y de sus ap\u00f3stoles tambi\u00e9n hicieron, en fecha posterior, otras colecciones de libros sagrados. Textos favoritos de esas colecciones parecen haber sido los escritos de Pablo.12<br \/>\nCuando los autores de los evangelios que son parte del Nuevo Testamento se pusieron a redactar en forma final sus escritos,13 echaron mano del material que ten\u00edan a su disposici\u00f3n, e incluso buscaron m\u00e1s informaci\u00f3n por su propia cuenta. De ello da claro testimonio el propio Lucas, al comienzo de su evangelio.<br \/>\nAhora bien, ni los cuatro evangelistas fueron los \u00fanicos que escribieron obras de ese g\u00e9nero literario que llamamos \u00abevangelio\u00bb, ni Lucas fue el \u00fanico que escribi\u00f3 un libro como el de Hechos, ni las ep\u00edstolas del Nuevo Testamento fueron las \u00fanicas ep\u00edstolas cristianas que circularon en el mundo antiguo, ni nuestro Apocalipsis es el \u00fanico libro cristiano de ese tipo que se escribi\u00f3 en la antig\u00fcedad.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 queremos decir con lo anterior?<br \/>\nSencillamente que,<strong> dada la naturaleza del cristianismo, su expansi\u00f3n y la diversidad que hab\u00eda entre los cristianos de los primeros siglos<\/strong> (sin olvidar las desviaciones que se llamaban a s\u00ed mismas cristianas), fueron muchos los que se dedicaron a escribir \u00abevangelios\u00bb, \u00abhechos\u00bb, \u00abep\u00edstolas\u00bb y \u00abapocalipsis\u00bb.14 Relativamente pronto, la iglesia comenz\u00f3 a discriminar entre unos y otros, aunque, en algunos casos, la discriminaci\u00f3n no resultaba muy f\u00e1cil.<br \/>\nAdem\u00e1s, en la etapa inmediatamente posterior a los ap\u00f3stoles hubo cristianos\u2014entre los que se contaban algunos que con su sangre hab\u00edan sellado la genuinidad de su testimonio y de su vida, como Ignacio, Obispo de Antioqu\u00eda, o como Justino, de sobrenombre M\u00e1rtir o el Fil\u00f3sofo\u2014que escribieron obras muy importantes, ya sea para defensa de la fe o para la edificaci\u00f3n de los cristianos. Algunas de esas obras resultaron ser sobremanera apreciadas por muchas comunidades cristianas, donde se le\u00edan con verdadera veneraci\u00f3n y respeto. De entre ellas, unas, como la Primera ep\u00edstola de Clemente de Roma a los corintios, la Carta de Bernab\u00e9, El Pastor, de Hermas, la Didaj\u00e9 y otras, llegaron a ser consideradas por muchos cristianos, y por las comunidades a las que ellos pertenec\u00edan, como obras can\u00f3nicas y, por tanto, como escritos sagrados investidos de autoridad para la iglesia.<\/p>\n<p><strong>El canon<\/strong><\/p>\n<p><strong>La situaci\u00f3n interna de la iglesia<\/strong><br \/>\nDesde el primer siglo\u2014y de ello tenemos testimonio en los escritos del Nuevo Testamento\u2014los dirigentes cristianos hubieron de enfrentarse a problemas que ten\u00edan que ver no s\u00f3lo con aspectos pr\u00e1cticos de la vida cristiana personal y comunitaria (cuestiones morales y de relaciones personales), sino tambi\u00e9n con desviaciones doctrinales, resultado de la incomprensi\u00f3n\u2014o de la distorsi\u00f3n intencionada\u2014del significado del evangelio. En varios libros del Nuevo Testamento podemos detectar esta lucha de aquellos primeros escritores cristianos.<br \/>\nCon el pasar del tiempo, los problemas fueron creciendo y haci\u00e9ndose cada vez m\u00e1s agudos. El acelerado crecimiento del cristianismo contribuy\u00f3 tambi\u00e9n a ello, adem\u00e1s de otros factores. Entre estos podemos mencionar los siguientes: el natural proceso de transformaci\u00f3n desde un movimiento con \u00abm\u00edstica\u00bb y visi\u00f3n hasta una instituci\u00f3n que tiene que gastar gran cantidad de energ\u00eda en resolver sus asuntos internos (el menor de los cuales no era la administraci\u00f3n) y en cuidar su supervivencia; el tr\u00e1nsito desde una comunidad perseguida a una comunidad primero tolerada, luego protegida y finalmente asimilada al poder pol\u00edtico y capaz de perseguir 15 (o, en otros t\u00e9rminos, el paso del cristianismo a la cristiandad); la incorporaci\u00f3n a la nueva fe, durante los primeros siglos, de muchas personas que, antes de su conversi\u00f3n, hab\u00edan sido muy bien formadas de acuerdo con la cultura helen\u00edstica dominante, no cristiana; la carencia del instrumental ideol\u00f3gico y t\u00e9cnico (adem\u00e1s del lexicogr\u00e1fico) para profundizar y expresar, desde adentro de la fe, la inteligencia de esa misma fe; la \u00aboferta\u00bb que le hac\u00eda al cristianismo el contexto sociocultural, del instrumental ideol\u00f3gico, t\u00e9cnico y lexicogr\u00e1fico provisto por la prevaleciente cultura helen\u00edstica (sobre todo en el oriente cristiano, donde se elabora, en su primera etapa, la teolog\u00eda cristiana); la entrada al cristianismo (sobre todo en la \u00e9poca constantiniana) de gran n\u00famero de personas que lo hicieron por razones no \u00abteol\u00f3gicas\u00bb, sin que hubiera realmente conversi\u00f3n.<br \/>\n<strong>Surgen entonces las controversias doctrinales, en algunas de las cuales se vio envuelto todo el mundo cristiano.<\/strong> Por supuesto, no todas suscitaron el mismo inter\u00e9s (algunas estaban circunscritas a una regi\u00f3n) ni ten\u00edan igual importancia. Pero desde el principio se vio una necesidad imperiosa: la de contar con un corpus propio de libros sagrados que pudieran servir como punto de referencia y como fuente y criterio a la hora de tomar decisiones doctrinales. En otras palabras: hac\u00eda falta establecer un canon.<br \/>\nComo es de esperar, la conciencia de esta necesidad no fue algo que irrumpi\u00f3 repentinamente en los c\u00edrculos cristianos. Es m\u00e1s, los cristianos de los primeros siglos, como ya se indic\u00f3, llegaron a considerar que algunos libros que actualmente no forman parte de nuestro Nuevo Testamento s\u00ed eran parte del canon. Este hecho es fundamental para entender el panorama que hoy se nos presenta en el marco general del cristianismo, pues no todos los cristianos aceptan el mismo conjunto de libros can\u00f3nicos.<br \/>\nEn l\u00edneas anteriores mencionamos algunos de esos libros que fueron citados como fuentes de autoridad por los escritores cristianos. A este respecto, es necesario ampliar nuestra comprensi\u00f3n de aquel per\u00edodo. Esos mismos cristianos, incluidos los autores de los libros que componen el Nuevo Testamento, se sent\u00edan en libertad de citar, en sus obras, escritos que no eran parte del canon del Antiguo Testamento, tal como este se acepta hoy por la mayor\u00eda de las iglesias protestantes. En efecto, encontramos en el Nuevo Testamento alusiones a textos o historias que pertenecen a los libros deuterocan\u00f3nicos; a\u00fan m\u00e1s, como fuente importante, y no como mero adorno literario, hay citas de libros que pertenecen al grupo de los llamados pseudoep\u00edgrafos (o ap\u00f3crifos, seg\u00fan otra nomenclatura).16<br \/>\nEsta libertad de uso, junto al hecho de que los libros sagrados de la primera comunidad cristiana eran los que hab\u00edan recibido del juda\u00edsmo, explica que cuando empiezan a hacerse las primeras listas de los nuevos libros admitidos por la iglesia aparezcan en ellas algunos de los que hoy nos extra\u00f1amos \u2026 y no aparezcan otros que todas las comunidades cristianas de nuestra \u00e9poca aceptan como can\u00f3nicos. Veamos, a vuelo de p\u00e1jaro, los siguientes hechos:<br \/>\n<strong>Recepci\u00f3n de los libros y autoridad conferida<\/strong><br \/>\nLos escritos de los ap\u00f3stoles y de los otros seguidores de Jes\u00fas (especialmente la mayor\u00eda de aquellos escritos que luego se incluyeron en el conjunto que llamamos Nuevo Testamento) gozaron desde muy temprano de una calurosa recepci\u00f3n y se convirtieron en fuente de autoridad para los escritores cristianos de los a\u00f1os subsiguientes. Cuando se leen los escritos de los Padres apost\u00f3licos 17 puede notarse la presencia, en ellos, de la ense\u00f1anza apost\u00f3lica, tal como la conocemos por los libros ahora can\u00f3nicos. Hay citas, en esos escritos, de todo el Nuevo Testamento, con excepci\u00f3n de los siguientes libros: Filem\u00f3n, 2 de Juan y 3 de Juan. Los siguientes se citan muy poco: 2 de Pedro, Santiago y Judas.<br \/>\nAlgunos tratados de los Padres apost\u00f3licos\u2014tratados fundamentalmente pastorales\u2014, por la naturaleza de su contenido, por la autoridad de su autor y por su cercan\u00eda temporal y tem\u00e1tica a la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles, gozaron de gran simpat\u00eda, prestigio y aceptaci\u00f3n. Aun cuando se basaban en lo que hab\u00edan transmitido los disc\u00edpulos de Jes\u00fas (de ah\u00ed el recurrir a las citas de las obras de estos \u00faltimos), muy pronto esos mismos escritos comenzaron a ser citados como libros de igual autoridad: los miembros de la comunidad los le\u00edan como si fueran parte de las \u00abescrituras cristianas\u00bb.<br \/>\n<strong>Los Padres de la iglesia<\/strong><br \/>\nEl per\u00edodo inmediatamente posterior al de los Padres apost\u00f3licos se conoce como el de los \u00abPadres de la iglesia\u00bb. Algunos dividen este per\u00edodo, a su vez, en tres etapas (que no tienen necesariamente secuencia cronol\u00f3gica): <strong>la etapa apolog\u00e9tica (los Padres apologistas), la pol\u00e9mica y la cient\u00edfica.<\/strong> Es entonces cuando recrudecen los problemas doctrinales, tanto por los ataques externos de los enemigos del cristianismo como por dificultades internas, causadas por el sano deseo de profundizar en la inteligencia de la fe y en la comprensi\u00f3n de la ense\u00f1anza. De hecho se trata, en este \u00faltimo aspecto, de reducir cada vez m\u00e1s el \u00e1mbito del misterio; o sea, de intentar \u00abexplicar\u00bb todo aquello que pueda ser explicable, incluso despu\u00e9s de aceptar la irrupci\u00f3n del misterio o del milagro. Por ejemplo, aceptada, como hecho y como milagro, la encarnaci\u00f3n, se buscar\u00e1 explicar c\u00f3mo se unen las dos naturalezas (humana y divina) en la persona de Jes\u00fas. Lo mismo sucede respecto de la persona y la voluntad. Y otro tanto en relaci\u00f3n con la doctrina de la Trinidad.<br \/>\nLos esfuerzos fueron m\u00faltiples, y variadas las soluciones propuestas. Desafortunadamente, la nuevas relaciones entre el cristianismo y el imperio romano hacen que intereses pol\u00edticos no sean ajenos a las controversias teol\u00f3gicas. 18<br \/>\nNo es de extra\u00f1ar, dadas esas circunstancias, que el per\u00edodo nos ofrezca una gran riqueza de producci\u00f3n literaria: amplia y variada, en la que est\u00e1n representados los diferentes bandos teol\u00f3gicos en pugna.19<\/p>\n<p><strong>Marci\u00f3n<\/strong><br \/>\nEn el siglo II aparece un personaje de cuya vida tenemos muy pocos datos: Marci\u00f3n. Al parecer, fue excomulgado de la iglesia por su propio padre (quien debi\u00f3, por tanto, ser obispo). Luego se afili\u00f3 a la comunidad cristiana de Roma, y tambi\u00e9n de all\u00ed lo expulsaron (probablemente en el 144 d.C.20 Influido por creencias no cristianas, consider\u00f3 que el Dios de quien habla el Antiguo Testamento no es el Dios verdadero, por lo que rechaz\u00f3, en bloque, todos los libros de la Biblia hebrea. Por aquel entonces no se hab\u00eda establecido en la iglesia ning\u00fan canon, y por eso bien puede afirmarse que es Marci\u00f3n el primero que define un canon de libros cristianos. Seg\u00fan \u00e9l, estaba constituido por el Evangelio de Lucas y por diez de las ep\u00edstolas paulinas (todas menos las cartas pastorales; Hebreos no cuenta). Aun en esos libros que acept\u00f3, Marci\u00f3n hizo recortes, pues consideraba que la iglesia hab\u00eda manipulado el texto y lo hab\u00eda pervertido.<br \/>\nLa acci\u00f3n de Marci\u00f3n fue muy significativa. Muchos escritores cristianos lo atacaron. Fue condenado en el 144 d.C. Pero su atrevimiento dio inicio, en cierto sentido, a un proceso que llevar\u00eda a la definici\u00f3n de un canon \u00abcerrado\u00bb. \u00ab<em>La pol\u00e9mica contra las pretensiones de los gn\u00f3sticos de disponer de tradiciones secretas y contra las de Marci\u00f3n de escoger y corregir los textos, rechazando adem\u00e1s las Escrituras hebreas, contribuy\u00f3 a reforzar la conciencia del privilegio que ten\u00edan los escritos juzgados como apost\u00f3licos, en funci\u00f3n de la acogida que obtuvieron entre las principales iglesias y teniendo en cuenta los criterios internos de seriedad y ortodoxia<\/em>\u00bb.21<\/p>\n<p>Ya por el a\u00f1o 200 d.C. se ha aceptado la idea del canon y se ha compilado una buena parte de su contenido; sin embargo, no hay unidad de criterio en cuanto a la totalidad de los libros que lo componen. Este hecho se percibe muy bien por las dudas y variaciones que se presentan en las listas que se dan en diversas partes donde el cristianismo se hab\u00eda desarrollado.<\/p>\n<p><strong>Taciano<\/strong><br \/>\nAntes de finales del siglo II, Taciano\u2014que hab\u00eda sido disc\u00edpulo de Justino M\u00e1rtir\u2014escribe su Diatessaron (ca. 170 d.C.), que es una armon\u00eda de los cuatro evangelios. Este hecho muestra que, para esa fecha, ya se consideraba que los evangelios can\u00f3nicos eran esos cuatro.<\/p>\n<p><strong>El Fragmento Muratori<\/strong><br \/>\nDe finales del siglo II o principios del III, es un manuscrito que contiene una lista de libros del Nuevo Testamento, escrita en lat\u00edn, conocida como el Fragmento Muratori, por el nombre del anticuario y te\u00f3logo que descubri\u00f3 el documento: Ludovico Antonio Muratori.22<br \/>\nEn el Fragmento Muratori se mencionan, como libros aceptados, 22 de los que componen nuestra versi\u00f3n del canon del Nuevo Testamento. Faltan los siguientes: Hebreos, Santiago, 1 y 2 de Pedro, 3 de Juan. Pero se a\u00f1aden, como aceptados, otros dos libros: Apocalipsis de Pedro y Sabidur\u00eda de Salom\u00f3n. Adem\u00e1s, se da una lista de obras que fueron rechazadas por la iglesia, por diversas razones.<\/p>\n<p><strong>Or\u00edgenes<\/strong><br \/>\nPor su parte, el gran Or\u00edgenes (quien muere alrededor del a\u00f1o 254 d.C.), indica que son aceptados veinti\u00fan libros del actual canon de veintisiete; pero hay otros que \u00e9l cita como \u00abescritura\u00bb, como la Didaj\u00e9 y la Carta de Bernab\u00e9. Luego menciona entre los textos acerca de cuya aceptaci\u00f3n algunos dudan, los siguientes: Hebreos, Santiago, Judas, 2 de Pedro, 2 y 3 de Juan, adem\u00e1s de otros libros (como la Predicaci\u00f3n de Pedro o los Hechos de Pablo).23<br \/>\n<strong>Eusebio de Cesarea<\/strong><br \/>\nEusebio de Cesarea nos presenta, en su Historia eclesi\u00e1stica, una s\u00edntesis de la situaci\u00f3n a principios del siglo cuarto, en cuanto al status de los libros sagrados dentro del cristianismo. Dice as\u00ed el padre de la historia eclesi\u00e1stica:<\/p>\n<p>\u00abEn primer lugar hay que poner la t\u00e9trada santa de los Evangelios, a los que sigue el escrito de Hechos de los Ap\u00f3stoles.<br \/>\n\u00bbY despu\u00e9s de este hay que poner en lista las Cartas de Pablo. Luego se ha de dar por cierta la llamada 1 de Juan, tambi\u00e9n la de Pedro. Despu\u00e9s de estas, si parece bien, puede colocarse el Apocalipsis de Juan, acerca del cual expondremos oportunamente lo que de \u00e9l se piensa.<br \/>\n\u00bbEstos son los que est\u00e1n entre los admitidos [griego: homolo-goumena]. De los libros discutidos [antilegomena], en cambio, y que, sin embargo, son conocidos de la gran mayor\u00eda, tenemos la Carta llamada de Santiago, la de Judas y la 2 de Pedro, as\u00ed como las que se dicen ser 2 y 3 de Juan, ya sean del evangelista, ya de otro del mismo nombre.<br \/>\n\u00bbEntre los espurios [noza] col\u00f3quense [\u2026] aun, como dije, si parece, el Apocalipsis de Juan: algunos, como dije, lo rechazan, mientras otros lo cuentan entre los libros admitidos\u00bb.24<\/p>\n<p><strong>Resumen<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00bfQu\u00e9 nos ense\u00f1a todo este proceso?<\/strong><br \/>\n<strong>Primero,<\/strong> que el camino de la recepci\u00f3n y aceptaci\u00f3n como libros privilegiados de un determinado n\u00famero de textos a los que se les reconoci\u00f3 especial autoridad en las comunidades cristianas fue un proceso propio y natural de esas mismas comunidades. No fue resultado de una decisi\u00f3n consciente, de tipo jer\u00e1rquico o conciliar. Las comunidades cristianas recibieron con alegr\u00eda, respeto y hasta reverencia las comunicaciones (ep\u00edstolas, por ejemplo) de los ap\u00f3stoles o de otros dirigentes de la iglesia, y las aceptaron como documentos que pose\u00edan autoridad. Las le\u00edan y rele\u00edan y las compart\u00edan con otras comunidades hermanas. Movida por su impulso misionero,25 la iglesia muy pronto comenz\u00f3 a sacar copias de esos mismos textos y a repartirlas a las nuevas comunidades que se iban constituyendo a lo largo y ancho del Imperio y aun m\u00e1s all\u00e1 de sus fronteras.<br \/>\n<strong>Segundo,<\/strong> que los dem\u00e1s escritores cristianos, predicadores, te\u00f3logos, etc., utilizaron esos escritos y los citaron con frecuencia, en su esfuerzo por comprender mejor la ense\u00f1anza cristiana y compartirla con sus lectores.<\/p>\n<p><strong>Tercero,<\/strong> que as\u00ed se fue reuniendo un conjunto de libros que gozaban del mismo privilegio de aceptaci\u00f3n. Este proceso de colecci\u00f3n no fue uniforme en todo el territorio en que hab\u00eda presencia cristiana. Por una u otra raz\u00f3n, algunos libros eran aceptados por unas comunidades y rechazados por otras. Fue esa precisamente la causa de que no hubiera una \u00fanica e id\u00e9ntica lista de libros \u00abcan\u00f3nicos\u00bb en todas partes.<\/p>\n<p><strong>Cuarto,<\/strong> que el fen\u00f3meno que acabamos de explicar no se limita, de manera exclusiva, a variaciones dentro del conjunto de libros que hoy aceptamos como can\u00f3nicos. No s\u00f3lo algunos de estos eran rechazados por algunas comunidades, sino que otros libros extra\u00f1os a esa lista eran aceptados, quiz\u00e1s por esas mismas comunidades.<\/p>\n<p><strong>Quinto, que las listas de los siglos II y III que han llegado hasta nosotros representan, fundamentalmente, la posici\u00f3n de los grupos cristianos que las confeccionaron<\/strong> (o a los cuales pertenec\u00edan las personas que las confeccionaron). Por ejemplo, el \u00abcanon\u00bb de Muratori (o sea, la lista de libros que aparece en el fragmento de ese nombre) es, con toda probabilidad, el \u00abcanon\u00bb de la comunidad cristiana de Roma.<\/p>\n<p><strong>Sexto,<\/strong> que la variedad que se produjo se daba, en t\u00e9rminos generales, dentro de un marco determinado, con excepci\u00f3n de los \u00abc\u00e1nones\u00bb que se fueron formando en comunidades que estaban al margen de la iglesia (como es el caso de la iglesia marcionita).<\/p>\n<p><strong>S\u00e9ptimo, que no es sino a partir del siglo IV cuando comienzan a tomarse decisiones conciliares respecto de la composici\u00f3n del canon.<\/strong> Al principio se trat\u00f3 solo de concilios locales o regionales. Muy posteriormente fue asunto de los concilios generales o ecum\u00e9nicos.<\/p>\n<p><strong>Octavo,<\/strong> que esas decisiones conciliares confirman la tendencia que se manifestaba en los siglos precedentes y, poco a poco, va consigui\u00e9ndose un consenso que se orienta al cierre del canon de los veintisiete libros, en las iglesias cristianas mayoritarias. Desde el siglo IV en adelante, los concilios publican listas de los libros que componen el Nuevo Testamento. Algunos de los libros tenidos por \u00abdudosos\u00bb pasan a engrosar la lista del canon. Otros, quedan fuera para siempre. A veces, las circunstancias religiosas de una regi\u00f3n pod\u00edan afectar la aceptaci\u00f3n definitiva de un determinado libro. Por ejemplo, en el Oriente se tarda m\u00e1s tiempo en aceptar el Apocalipsis de Juan porque este libro fue usado por algunos para apoyar ideas que se consideraban heterodoxas. Por otra parte, se sigui\u00f3 dudando, hasta el d\u00eda de hoy, de la paternidad literaria paulina de Hebreos (o de la petrina de 2 de Pedro). Pero los veintisiete libros can\u00f3nicos son los que la iglesia cristiana en su gran mayor\u00eda ha aceptado y acepta.<br \/>\nHay que destacar que la aceptaci\u00f3n definitiva del canon del Nuevo Testamento no se debi\u00f3 a las decisiones de los concilios. Lo que estos hicieron no fue sino reconocer y ratificar lo que ya estaba sucediendo en las diversas comunidades cristianas que formaban la iglesia universal.<br \/>\nNos toca, como cristianos, agradecer a Dios por el don especial de estos libros que son \u00abun libro\u00bb, abrir sus p\u00e1ginas para descubrir en ellas su palabra, para recibir inspiraci\u00f3n y correcci\u00f3n, y para comprender mejor su voluntad.<br \/>\n\u00ab\u2026<em> conoces las sagradas Escrituras, que pueden instruirte y llevarte a la salvaci\u00f3n por medio de la fe en Cristo Jes\u00fas. Toda Escritura est\u00e1 inspirada por Dios y es \u00fatil para ense\u00f1ar y reprender, para corregir y educar en una vida de rectitud, para que el hombre de Dios est\u00e9 capacitado y completamente preparado para hacer toda clase de bi<\/em>e<em>n<\/em>\u00bb (2 Ti 3.15\u201317, DHH).<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<p><strong>1<\/strong> \u00a0Sobre el tema de los textos sagrados y las religiones del mundo, cons\u00faltese el interesante estudio de Harold Coward, Sacred Word and Sacred Text (Maryknoll, N.Y.: Orbis Books, 1988). Algunos han se\u00f1alado que por lo menos dieciocho religiones, desde la antigua religi\u00f3n egipcia a la Iglesia de los Mormones (comienzos del s. XIX), consideran determinados libros como \u00abSagrada escritura\u00bb. V\u00e9ase, a este respecto, Antonio M. Artola y Jos\u00e9 Manuel S\u00e1nchez Caro, Biblia y Palabra de Dios (Estella, Navarra: Editorial Verbo Divino, 1992), especialmente el cap\u00edtulo 3 de la Parte segunda.<\/p>\n<p><strong>2.<\/strong> Hay que recordar que nuestro AT tiene tambi\u00e9n autonom\u00eda propia, en el sentido de que es valioso por s\u00ed mismo, aun cuando los cristianos veamos en el NT la plenitud de su significado. Por ello es saludable llamar a ese grupo de libros La Biblia hebrea, que es, adem\u00e1s, una manera de reconocer que no somos ni los \u00abdue\u00f1os\u00bb ni los \u00fanicos depositarios de ese texto sagrado.<\/p>\n<p><strong>3 \u00a0<\/strong>Puesto que a este precede otro cap\u00edtulo sobre el canon del AT, all\u00ed remitimos al lector para ver el significado de la palabra \u00abcanon\u00bb y su uso cristiano. V\u00e9anse tambi\u00e9n los primeros p\u00e1rrafos del breve art\u00edculo de Samuel Pag\u00e1n, \u00abFormaci\u00f3n del canon y del texto\u00bb,(en Taller de ciencias de la Biblia [San Jos\u00e9, Costa Rica: Sociedad B\u00edblica de Costa Rica, 1991], p. 21 y 22). Para informaci\u00f3n adicional, v\u00e9ase Philipp Vielhauer, Historia de la literatura cristiana primitiva. Traducci\u00f3n de Manuel Olasagasti, Antonio Pi\u00f1ero y Sen\u00e9n Vidal (Salamanca: S\u00edgueme, 1991), cap. XI, secci\u00f3n 64 (\u00abEl problema de la formaci\u00f3n del canon\u00bb).<\/p>\n<p><strong>4\u00a0<\/strong>En los primeros p\u00e1rrafos del art\u00edculo sobre \u00abEl texto del NT\u00bb, en esta misma obra, se describe brevemente parte del proceso de la formaci\u00f3n del texto. Aqu\u00ed a\u00f1adimos unos pocos detalles complementarios que permitir\u00e1n al lector \u2018\u00a1as\u00ed al menos esperamos!\u2019 percibir m\u00e1s claramente la \u00edntima relaci\u00f3n que existe entre la escritura y difusi\u00f3n del texto sagrado y la formaci\u00f3n del canon. En efecto, uno no se comprende bien sin la comprensi\u00f3n del otro.<\/p>\n<p><strong>5<\/strong>\u00a0Como estos textos, podr\u00edan mencionarse otros, incluso algunos en los que el tono que emplea el autor muestra su angustia y preocupaci\u00f3n, o su enojo. V\u00e9anse, a modo de ejemplo, los siguientes: Gl 3.1\u20135; 4.11\u201320; Col 2.1,4; 2 Ts 2.1\u20132. En este trabajo, cuando transcribimos textos b\u00edblicos lo hacemos de la versi\u00f3n de Reina-Valera, revisi\u00f3n de 1960, excepto cuando se indique otra cosa.<\/p>\n<p><strong>6<\/strong> \u00a0El ejemplo m\u00e1s obvio es lo que podr\u00edamos llamar \u00abg\u00e9nero evangelio\u00bb, caracter\u00edstico del cristianismo, pues nace con \u00e9l. Otro aspecto es el g\u00e9nero epistolar: aunque hab\u00eda cartas en el AT (por ejemplo, en Esd 4.11b-16; 4.17b-22; 5.7\u201317; 7.12\u201326), puede decirse que en el NT se presenta como g\u00e9nero literario espec\u00edfico, bien desarrollado ya en la \u00e9poca cuando este se est\u00e1 componiendo.<\/p>\n<p><strong>7<\/strong> \u00a0Al parecer fueron los gn\u00f3sticos los primeros en tratar como \u00abEscrituras\u00bb algunos de los escritos del NT.<\/p>\n<p><strong>8<\/strong> \u00a0V\u00e9ase, en esta misma obra, el cap\u00edtulo sobre las \u00abTraducciones castellanas de la Biblia\u00bb, y lo que all\u00ed decimos acerca del por qu\u00e9 se hicieron muy pronto traducciones del texto del NT.<\/p>\n<p><strong>9<\/strong> \u00a0Debe indicarse que en el propio NT tenemos unos pocos testimonios en los que, junto a dichos del AT (Dt 25.4), se ponen dichos de los evangelios (Lc 10.7). Tal es el caso de 1 Ti 5.18. Probablemente algo similar ocurra con la referencia que a los escritos de Pablo se hace en 2 P 3.15\u201316.<\/p>\n<p><strong>10<\/strong> \u00a0El desarrollo de la doctrina de la inspiraci\u00f3n ha sido muy importante en la historia de la iglesia. Aqu\u00ed no tratamos ese tema. S\u00ed es bueno acentuar la distinci\u00f3n entre inspiraci\u00f3n y autoridad. Y, en cuanto a esta \u00faltima, tambi\u00e9n debe distinguirse entre la autoridad propia del texto y el hecho de que la comunidad cristiana inviste de autoridad, por su recepci\u00f3n y por su uso, a ese mismo texto. Esta distinci\u00f3n no implica la m\u00e1s m\u00ednima contradicci\u00f3n: la definici\u00f3n del primer aspecto corresponde a la teolog\u00eda; la del segundo es parte del desarrollo de las comunidades cristianas del primer siglo.<\/p>\n<p><strong>11\u00a0<\/strong>Los descubrimientos de Nag Hammadi (1945) pusieron a nuestra disposici\u00f3n una gran biblioteca de extraordinario valor. Ha habido mucha discusi\u00f3n acerca de la naturaleza de los textos all\u00ed encontrados y en la actualidad se est\u00e1n revisando algunas posiciones que se hab\u00edan tomado, quiz\u00e1s, apresuradamente. Por ejemplo, hoy se considera que no todos los textos encontrados son gn\u00f3sticos (por ejemplo, y obviamente, el del libro VI de La Rep\u00fablica, de Plat\u00f3n) y que, con mucha probabilidad, la comunidad a la que la biblioteca pertenec\u00eda tampoco era gn\u00f3stica. De todos modos, lo que interesa ahora destacar es que all\u00ed se encontr\u00f3 un evangelio, de tendencias gn\u00f3sticas (seg\u00fan unos autores, aunque otros rechazan esta clasificaci\u00f3n), que es una colecci\u00f3n de dichos atribuidos a Jes\u00fas. Se trata del Evangelio de Tom\u00e1s. V\u00e9ase, sobre este tema, el excelente libro de James H. Charlesworth, Jesus within Judaism (N. Y.: Doubleday, 1988), especialmente el cap. 4: \u00abJesus, the Nag Hammadi Codices, and Josephus\u00bb. En cuanto al Evangelio de Tom\u00e1s, hay traducci\u00f3n castellana, por Manuel Alcal\u00e1: El evangelio copto de Tom\u00e1s (Salamanca: S\u00edgueme, 1989).<\/p>\n<p><strong>12<\/strong>\u00a0En la Primera carta a los corintios, de Clemente de Roma, en la Carta a los efesios, de Ignacio y en la Carta de Policarpo a los filipenses se mencionan las \u00abcartas de Pablo\u00bb. El texto neotestamentario de 2 P 3.15 indica otro tanto. (En la carta de Policarpo tambi\u00e9n se hace referencia a una colecci\u00f3n de las cartas de Ignacio, obispo de Antioqu\u00eda y m\u00e1rtir.)<\/p>\n<p><strong>13<\/strong>\u00a0Recordemos que ninguno de los cuatro evangelios da el nombre de su autor. La asignaci\u00f3n a los cuatro \u00abevangelistas\u00bb es unos cuantos a\u00f1os posterior a los mismos evangelios y corresponde a la tradici\u00f3n oral de la que tenemos testimonio escrito a partir del s. III.<\/p>\n<p><strong>14\u00a0<\/strong>\u00a0Para mayor informaci\u00f3n sobre estos aspectos, v\u00e9ase la siguiente obra: Julio Trebolle Barrera, La Biblia jud\u00eda y la Biblia cristiana. Introducci\u00f3n a la historia de la Biblia (Madrid: Editorial Trotta, 1993). En las p\u00e1ginas 258\u2013263 se encuentra una lista de las obras can\u00f3nicas y no can\u00f3nicas (o ap\u00f3crifas), organizadas por sus g\u00e9neros (evangelios, hechos, etc\u00e9tera), y seguida por una breve explicaci\u00f3n de las segundas. Se a\u00f1ade, adem\u00e1s, una lista de \u00abinterpolaciones cristianas\u00bb, escritos de los Padres apost\u00f3licos y tratados doctrinales y morales.V\u00e9anse tambi\u00e9n: M.G. Mara, \u00abAp\u00f3crifos\u00bb, en: Diccionario patr\u00edstico y de la antig\u00fcedad cristiana (Salamanca: S\u00edgueme, 1991), 2 vol\u00famenes; y A. S\u00e1nchez Otero, Los evangelios ap\u00f3crifos (Madrid: B.A.C., 1956).<\/p>\n<p><strong>15<\/strong> \u00a0Se nos ocurre pensar que es el recorrido, pero a la inversa, que sigui\u00f3 Pablo. Este, de perseguidor se convierte en perseguido. Esto fue parte de su \u00abconversi\u00f3n\u00bb. La iglesia, por su lado, de perseguida se convierte en perseguidora. \u00bfSer\u00e1 esa su \u00abdesconversi\u00f3n?\u00bb.<\/p>\n<p><strong>16 \u00a0<\/strong>No debieran identificarse los dos t\u00e9rminos (deuterocan\u00f3nico y ap\u00f3crifo). Desafortunadamente, no ha habido acuerdo para su uso, y este ha cambiado, sobre todo en la tradici\u00f3n protestante. En efecto, la misma palabra \u00abap\u00f3crifo\u00bb ha variado su significado, y hoy se maneja, al menos en c\u00edrculos populares evang\u00e9licos, con un sentido b\u00e1sicamente peyorativo.Respecto de las alusiones y referencias que a algunos de estos libros se hace en el Nuevo Testamento, v\u00e9ase el \u00abIndex of allusions and verbal parallels\u00bb, The Greek New Testament. Fourth revised edition. Edited by Barbara Aland, Kurt Aland, Johannes Karavidopoulos, Carlo M. Martini and Bruce M. Metzger (Stuttgart, Germany: Deutsche Bibelgesellschaft, United Bible Societies, 1993), p. 891\u2013901. En las p. 900 y 901 se registran ciento diecis\u00e9is de esas \u00abalusiones y paralelos verbales\u00bb de libros deuterocan\u00f3nicos y ap\u00f3crifos (ap\u00f3crifos y pseudoep\u00edgrafos, respectivamente, seg\u00fan la terminolog\u00eda m\u00e1s usada entre los protestantes) en el NT. Adem\u00e1s se se\u00f1alan tres (o quiz\u00e1 cuatro) casos, en el NT, tomados de \u00abotros escritos\u00bb del mundo antiguo.<\/p>\n<p><strong>17<\/strong> \u00a0Se llama as\u00ed al conjunto de escritores y textos cristianos que aparecen en la etapa inmediatamente posterior a la de los ap\u00f3stoles. Conocemos los nombres de los autores de muchas de esas obras. Otros escritos de la \u00e9poca resultan an\u00f3nimos. Se cuentan, entre los Padres apost\u00f3licos, los siguientes: Clemente Romano, La Didaj\u00e9, Ignacio de Antioqu\u00eda, Policarpo de Esmirna, Pap\u00edas de Hier\u00e1polis, La Ep\u00edstola de Bernab\u00e9, El Pastor, de Hermas, la Ep\u00edstola (o Discurso) a Diogneto. V\u00e9ase, para los textos: Padres apost\u00f3licos. Introducci\u00f3n, notas y versi\u00f3n castellana de Daniel Ruiz Bueno (Madrid: B.A.C., 19672); y para informaci\u00f3n sobre esos libros: las obras ya citadas de Justo L. Gonz\u00e1lez y de Philipp Vielhauer.<\/p>\n<p><strong>18<\/strong> \u00a0Se llama as\u00ed al conjunto de escritores y textos cristianos que aparecen en la etapa inmediatamente posterior a la de los ap\u00f3stoles. Conocemos los nombres de los autores de muchas de esas obras. Otros escritos de la \u00e9poca resultan an\u00f3nimos. Se cuentan, entre los Padres apost\u00f3licos, los siguientes: Clemente Romano, La Didaj\u00e9, Ignacio de Antioqu\u00eda, Policarpo de Esmirna, Pap\u00edas de Hier\u00e1polis, La Ep\u00edstola de Bernab\u00e9, El Pastor, de Hermas, la Ep\u00edstola (o Discurso) a Diogneto. V\u00e9ase, para los textos: Padres apost\u00f3licos. Introducci\u00f3n, notas y versi\u00f3n castellana de Daniel Ruiz Bueno (Madrid: B.A.C., 19672); y para informaci\u00f3n sobre esos libros: las obras ya citadas de Justo L. Gonz\u00e1lez y de Philipp Vielhauer.<\/p>\n<p><strong>19\u00a0<\/strong>\u00a0Aunque hay que reconocer, con tristeza, que muchas de las obras de autores que llegaron a ser considerados \u00abheterodoxos\u00bb fueron luego destruidas, como tambi\u00e9n algunos vol\u00famenes contra el cristianismo escritos por autores \u00abpaganos\u00bb. De lamentar es la desaparici\u00f3n de los libros de Porfirio (segunda parte del s. III).<\/p>\n<p><strong>20<\/strong> \u00a0J. L. Gonz\u00e1lez, p. 160\u2013165.<\/p>\n<p><strong>21\u00a0<\/strong>\u00a0J. Gribomont, \u00abEscritura (Sagrada)\u00bb, Diccionario patr\u00edstico, p. 742. Ve\u00e1se, en Philipp Vielhauer, Historia de la literatura \u2026, p. 817\u2013821, la presentaci\u00f3n de las hip\u00f3tesis que intentan explicar cu\u00e1l fue el motivo por el que se form\u00f3 un canon del NT.<\/p>\n<p><strong>22<\/strong> \u00a0La historia de este fragmento, sus posibles interpretaciones y su significado, como as\u00ed mismo los problemas de determinaci\u00f3n de su fecha est\u00e1n explicados en el cap\u00edtulo doce (\u00abThe Muratorian Fragment\u00bb) de la obra de F. F. Bruce, The Canon of Scripture (Downers Grove, Illinois: InterVarsity Press, 1988).<\/p>\n<p><strong>23<\/strong> \u00a0Eusebio de Cesarea, Historia eclesi\u00e1stica. Traducci\u00f3n de Argimiro Velasco Delgado (Madrid: B.A.C., 1973), VI, 25, 3\u201314; G. B\u00e1ez Camargo, Breve historia del canon b\u00edblico (M\u00e9xico: Ediciones \u00abLuminar\u00bb, 19822); F. F. Bruce, The Canon of Scripture, p. 192\u2013195.<\/p>\n<p><strong>24<\/strong> \u00a0Eusebio, Historia eclesi\u00e1stica, III, 25,1-4. El grupo de los espurios (noza) est\u00e1 formado por libros que tambi\u00e9n son discutidos, como \u00abHechos de Pablo, el llamado Pastor y el Apocalipsis de Pedro\u00bb, entre otros. Eusebio menciona, adem\u00e1s, otros libros que \u00abhan propalado los herejes\u00bb; y a\u00f1ade: \u00abJam\u00e1s uno solo entre los escritores ortodoxos juzg\u00f3 digno de hacer menci\u00f3n de estos libros en sus escritos\u00bb. De esos mismos libros dice que son \u00abenjendros de herejes\u00bb (haireticon andron anaplasmata) y \u00ababsurdos e imp\u00edos\u00bb (atopa kai dyssebe) (III, 25,4 y 6\u20137).<\/p>\n<p><strong>25<\/strong> \u00a0V\u00e9ase el cap\u00edtulo sobre \u00abVersiones castellanas de la Biblia\u00bb, en este mismo volumen.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Libros recomendados<\/strong><\/p>\n<ul>\n<li>B\u00e1ez-Camargo, Gonzalo. Breve historia del canon b\u00edblico. M\u00e9xico: Ediciones \u00abLuminar\u00bb, 1982.<\/li>\n<li>Eusebio de Cesarea. Historia eclesi\u00e1stica. Traducci\u00f3n de Argimiro Velasco Delgado. Madrid: B.A.C., 1973.<\/li>\n<li>Gerhardson, Birger. Prehistoria de los evangelios. Santander: Sal Terrae, 1980.<\/li>\n<li>Gonz\u00e1lez, Justo L. Historia del pensamiento cristiano. Buenos Aires: Methopress, 1965.<\/li>\n<li>Gribomont, J. \u00abEscritura (Sagrada)\u00bb. Diccionario patr\u00edstico y de la antig\u00fcedad cristiana. Dirigido por Angelo Di Berardino. Trad. de<\/li>\n<li>Alfonso Ortiz Garc\u00eda y Jos\u00e9 Manuel Guirau. Salamanca: S\u00edgueme, 1991. 2 vol\u00famenes.<\/li>\n<li>Mu\u00f1oz Iglesias, S. \u00abCanon del NT\u00bb. Enciclopedia de la Biblia. Direcci\u00f3n T\u00e9cnica: Alejandro D\u00edez Macho y Sebasti\u00e1n Bartina. Barcelona: Ediciones Garriga, S.A., 19692. 6 vol\u00famenes.<\/li>\n<li>Trebolle Barrera, Julio. La Biblia jud\u00eda y la Biblia cristiana. Madrid: Editorial Trotta, 1993.<\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por\u00a0Plutarco Bonilla Acosta Fuente: Libro Descubre la Biblia, Sociedades B\u00edblicas Unidas, 1997 Introducci\u00f3n La Biblia es el libro sagrado del cristianismo De las p\u00e1ginas de ese Libro han bebido los creyentes a lo largo de los siglos. 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