Las iluminadas y la humillación de la iglesia

Andres Casanueva,  miembro del directorio de Sociedad Bíblica Chilena

Cuando la iglesia cristiana usa más tiempo del necesario luchando por ser reconocida, por que sus “derechos” no sean vulnerados, o simplemente por no ser ridiculizada,  es que no ha logrado entender el mundo en que vive, y lo que en realidad es ella.

Ciertamente es penoso ver la burla y denostación que los medios de comunicación hacen de todo ser humano (evangélicos, conservadores, homosexuales, políticos,  niños, mujeres, ancianos, etc), afectando la dignidad humana. Pero hacer una guerra santa para extirpar de los medios de comunicación seculares lo que vende (en definitiva lo que la gente compra), desorienta la verdadera carrera que la iglesia y todo cristiano debería realizar. ¿En qué consiste esta carrera? En vivir vidas apartadas para Dios, ayudar a reconciliar a las personas con Dios por medio de Cristo, colaborar con el cambio de nuestra sociedad, establecer un grado de comunión que fortalezca su testimonio al mundo, orar por las necesidades del ser humano, y enseñar junto con advertir sobre la voluntad de Dios.

Si esa es la amplia tarea de la iglesia en el mundo a la luz de la Biblia, entonces ¿qué hacen los cristianos cuando se enfocan en cambiar patrones externos de conducta de la sociedad pidiendo respeto por la dignidad de los evangélicos, a una sociedad que simplemente no quiere oir de Dios? La verdad no mucho, puesto que es evidente que el cambio de una sociedad surge a partir del cambio del corazón de las personas, y no de su comportamiento externo. Y mientras éstos no tengan a Dios en su corazón, difícilmente podremos “pedirle peras al ulmo”.

Por el contrario, siguiendo a Cristo sabemos que en el mundo tendremos aflicción, pues fueron sus palabras las que nos advirtieron de ello hace más de dos mil años. Él enfrentó burlas, insultos, escupos y golpes, y finalmente fue clavado en una cruz. A pesar de todo eso no se defendió, sino que mostró que el Hijo de Dios tenía un llamado superior: salvar al mundo en medio del desprecio humano. Y allí rogó a su Padre para perdonar a todos quienes se burlaban y le maltrataban cruelmente.

¿Qué hay de nosotros, sus testigos en esta sociedad? Más que rasgar vestiduras y sentirnos ofendidos por las burlas y desprecio de que somos objeto en un canal de TV estamos llamados a pedir al Padre que les perdone porque ellos no saben lo que hacen, no saben en realidad que se están jugando con Dios mismo.

Si la iglesia no está dispuesta a tomar su cruz, negarse a sí misma, y seguirle – lo que incluye humillaciones –  no es digna de su llamado.