Estos días suena como otra convocatoria de redes sociales calculada a derrocar a un gobierno. Pero en este caso fue a la Plaza de la Constitución el día 10 de junio para orar por Chile. “¡Qué diferencia!” me exclamaron los guardias del Palacio de La Moneda al contrastarla con la Marcha al otro lado de la Moneda donde hubo, la mismo tiempo, disturbios y furia.
Mientras que la convocatoria fue menor que en otros años (sin duda afectada por la otra marcha) llegando en su momento peak a unos 800 hermanos, la intensidad y la madurez manifestadas fueron de un calibre mayor. Pablo le dice a los Tesalonicenses “Por lo demás hermanos orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada…” (2 Tesalonicenses 3:1) y es precisamente por eso que nos juntamos a orar. La convocatoria a la Oración por Chile tiene por lo menos cuatro objetivos:
1. Une al Pueblo de Dios. No somos todos iguales ni de la mismísima doctrina siempre, pero sí comprados por la misma sangre de Jesús y habitados por el mismo Espíritu Santo. Cuando nos juntamos de esta manera, se manifiesta lo hermoso de la comunión cristiana. “Conocí a una anciana que oraba con fuego”, “No sabía que los Bautistas también oraban en voz alta..” “Pensé que los Anglicanos eran fríos pero parecen pentecostales…” Son algunas de las típicas frases que uno escucha después de ver a los grupos pequeños unirse en oración durante la intercesión.
2. Humilla al Pueblo de Dios. “Si se humillare mi pueblo…” es una condición. Últimamente no hemos sido buenos para humillarnos. Cada cual está demasiado ocupado cuidando su reputación como para verdaderamente soltar toda postura y sinceramente humillarnos ante el Dios vivo. No habrá ningún avivamiento mientras no veamos la gloria y la santidad de Dios como centrales a nuestro estilo de vida. Y eso pasa por humillarnos ante su Presencia. Momentos maravillosos vividos en la Plaza fueron cuando todos nos arrodillamos y clamamos por misericordia sobre Chile.
3. Fortalece al Pueblo de Dios . Cuando nos levantamos y nos vamos a casa persiste un extraño sentir de que “algo se logró”, “algo se hizo”. Y efectivamente, quizás fue lo más efectivo que podamos hacer en estos momentos. Hay un lugar para protestar ante los Senadores y para lograr derechos para nuestras iglesias. Sin embargo, lo que más necesitamos es ser fortalecidos en la oración. Anhelo ver qué pasará en Chile cuando todo pastor y líder pase dos a tres horas con Dios diariamente y todo feligrés clamare constantemente. Dios enviaría su poder y su amor sobre nosotros y entre nosotros y nuestra nación.
4. Abre las ventanas del Cielo sobre Chile. Las cosas cambian cuando oramos. Misteriosamente se derrotan las leyes injustas, se avanza en la evangelización, cambia el clima político, cuando oramos y viene la influencia masiva del Reino de Dios. A algunos les molesta la frase “la oración mueve la mano de Dios” porque prefieren enfatizar la soberanía de Dios y la total dependencia del hombre. Sin embargo, no hay que leer muchas páginas en la Biblia antes de llegar a la conclusión que sí la oración cambia todas las cosas que abarca. Jesús mismo oraba muchas horas a medida que desarrollaba su extraordinario ministerio. Concluimos que Dios soberanamente ordenó que El cambiaría las cosas a medida que expresamos nuestra dependencia de El orando. ¡Es el mismo diablo que no quiere que oremos! Dios nos ha dicho “Pedid y se os dará”, “Orad sin cesar”
Un grupo de pastores estamos pensando en que debemos institucionalizar este
evento cada año y trabajarlo para que sea masivo, posiblemente en un día menos invernal. ¡Oren, oren, oren! Chile será verdaderamente para Cristo a medida que oramos mucho como la Escritura nos lo insta.
Rev. Alfredo Cooper. Pastor anglicano y capellán de La Moneda.
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El contenido de las columnas es de resposabilidad del autor y no necesariamente representa el punto de vista de Sociedad Bíblica Chilena.

