El fin de semana viaje a la zona rural de Molina junto a 130 personas con el objetivo de ayudar con la recolección de escombros y distribución de víveres a una comunidad donde casi no ha llegado la ayuda.
La experiencia fue agotadora y enriquecedora. Viajar más de 12 horas entre ida y vuelta para estar solo un fin de semana ayudando a un lugar parece no muy útil e inteligente para muchos, pero la verdad que el trabajo fue tan intenso y eficiente que valió la pena tanto en términos de la ayuda prestada como con la vivencia personal ganada.
Parte principal del trabajo fue la recolección de escombros y sacar las tejas que están peligrosas en una decena de casas de adobe repartidas a lo largo de una polvoriento y largo camino. Para hacerlo de manera organizada siempre trabajamos en cadena, donde entre 6 a 10 personas se pasaban los escombros de las murallas derrumbadas para depositarlos en una carretilla.
El sábado me tocó estar casi 3 horas sacando escombros sin parar, junto a una docena de voluntarios. Fue emocionante ver la cantidad de escombros que sacamos, y más aún pensar que pudimos dar una solución rápida a una tarea que le habría demandado mucho tiempo al matrimonio que vivía en esa casa.
El repartir alimentos fue gratificante pues estábamos trabajando de la mano con la junta de vecinos que tenía un catastro de las familias y la situación que cada una vivía tras el terremoto.
Entregar el amor de Dios en persona era algo que necesitaba junto a Rachel, mi señora. Había visto imágenes, orado por la gente, difundiendo información, animando a personas a la distancia, y estar allí fue la guinda de la torta.
La tarea para mi no termina allí. Se comenzó un vínculo con esa comunidad rural y por ello el plan es volver a visitarla. Ya conocemos el nombre de la gente y su realidad, ahora queremos ver como han podido volver a la normalidad y aportar otro grano de arena para su bienestar.
El desafío para todos es dar más allá de lo acostumbrado. Por cierto no todo el mundo puede ir a terreno, pero si todos pueden hacer un esfuerzo para dar más allá de lo cómodo, entregar al prójimo la ayuda como si fuera nuestro hermano de sangre.
Ser como Jesús es el desafío de todo cristiano. Leer la Biblia es vital para conocer e impregnarse del ejemplo de Jesucristo. Por eso hoy más que nunca lee y actúa en nuestra sociedad que necesita de un amor que va más allá del interés propio, donde se muere al agoísmo y se vuelca el tiempo y los recursos a entregar la vida por los hermanos que más lo necesitan. El amor no espera. No esperes por actuar.




yo done alimentos no perecibles para parral y molina a traves de la congregacion en que milito la iglesia evangelica bautista el redentor.¡fuerza Chile que Dios te bendiga!